Desde la UNAHUR hasta las calles: una mirada en primera persona sobre lo que significa defender la educación universitaria pública y las dificultades que atravesamos quienes la elegimos todos los días.

Por Sofía Maidana*

 

Este jueves no fue un día de cursada común. En la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR), entre exámenes finales y clases, nos preparamos para salir a las calles bajo una misma consigna: reclamar el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario por parte del Gobierno Nacional.

Como presidenta de la Federación de Estudiantes de la UNAHUR, miro alrededor y veo a cientos de chicos que son los primeros de sus familias en llegar a la Educación Superior. Sé que sus sueños pudieron hacerse realidad gracias a la expansión de las universidades en el Conurbano. Por eso, para ellos y para nosotros, esta Universidad no es solo una institución: es la posibilidad de construir un futuro que antes parecía lejano.

El ajuste que estamos atravesando por el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario y por la situación económica general no aparece únicamente como razón para movilizar. También atraviesa nuestra vida cotidiana. Está en las becas estudiantiles que no se actualizan al ritmo del costo de vida, en el dinero necesario para viajar y en todo lo que implica sostener una jornada extensa de cursada. Estudiar no es solo estar en el aula: también hay que llegar, comer y, en la mayoría de los casos, trabajar al mismo tiempo.

A veces, las dificultades se expresan en algo tan simple como no poder comprar comida en el buffet después de varias horas en la facultad, o tener que hacer cuentas para llegar a fin de mes. Son situaciones que muestran que sostener una carrera requiere mucho más que voluntad. Por eso, la discusión también incluye las condiciones necesarias para permanecer y recibirse.

En la UNAHUR sabemos lo que significa tener una universidad cerca. Para muchos, una carrera era una posibilidad distante por los costos, la distancia o porque nunca habían imaginado que también podía ser para ellos. Hoy esa oportunidad existe, pero necesita políticas que permitan sostenerla. No alcanza con ingresar si cada vez resulta más difícil permanecer.

Camino a la movilización, pensaba en la voluntad de nuestra comunidad para sostener este reclamo. Marcha tras marcha, incluso con el viento en contra, seguimos encontrándonos para cuidar aquello que sentimos propio. Somos miles quienes creemos en el valor de esta institución y estamos dispuestos a acompañarla.

Por eso me emocionó mirar hacia atrás y encontrarme con la columna de la UNAHUR. Esa marea verde, entre banderas, carteles y cantos, representa a una comunidad que se organiza y no está dispuesta a quedarse de brazos cruzados mientras se ponen en riesgo oportunidades que tanto costaron construir.

Pienso, también, en lo que representa la UNAHUR para quienes formamos parte de ella: quienes cursan, quienes están por recibirse y quienes todavía sueñan con empezar una carrera. Quiero que todos tengan la oportunidad de vivir esa experiencia, construir su camino, e imaginar un futuro posible.

 

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Como presidenta de la Federación de Estudiantes, esa columna me llenó de orgullo. Y también de la responsabilidad de representar sus voces, porque detrás de cada estudiante hay un proyecto, una familia y expectativas puestas en lo que la educación puede hacer posible.

Al encontrarnos con estudiantes, docentes, nodocentes, graduados y familias de otras universidades, entendemos que no estamos solos. La quinta Marcha Federal Universitaria mostró la fuerza de una comunidad que no quiere resignarse a que estudiar sea cada vez más difícil. La movilización expresó el reclamo por el cumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario y por las oportunidades que la universidad pública abre para nuestro país.

Sin embargo, durante el acto central, la respuesta del Gobierno Nacional fue la represión. En lugar de escuchar a miles de personas movilizadas pacíficamente, eligió responder con violencia. Esa decisión no puede naturalizarse. Si una demanda colectiva recibe como respuesta la represión, queda claro que estamos cuestionando decisiones que este gobierno pretende sostener a cualquier costo.

El ahogo presupuestario y la represión no son fallas de gestión ni errores aislados; responden a una decisión profundamente ideológica. Este gobierno eligió un enemigo claro: la educación pública, gratuita y de calidad, esa que le quita el monopolio del saber a los sectores de siempre y le devuelve la dignidad a las hijas y los hijos de la clase trabajadora. Buscan vaciar las aulas, desfinanciar la ciencia y disciplinar en las calles porque le temen a un pueblo organizado que sabe exactamente lo que le costó conquistar cada derecho.

El regreso a Hurlingham fue con el cansancio a cuestas y la tensión todavía en el aire tras los hechos de violencia institucional. Sabemos que la tarea continúa. Por eso seguimos organizados. Porque la universidad pública forma parte de nuestro presente y de todo lo que queremos para el futuro. Mientras haya una comunidad dispuesta a cuidarla, seguiremos construyendo las condiciones para que nadie tenga que abandonar su camino.


*Presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad Nacional de Hurlingham (UNAHUR).