El 9 de septiembre de 1973, en La Plata, Jorge Bizet y su esposa Dolores fundaron Clan Issime, una empresa familiar dedicada a diseñar prendas de moda de altísima calidad. En su momento de esplendor, esta pyme textil llegó a tener 129 empleados y decenas de locales en varias provincias del país. Pero las medidas económicas de Javier Milei la destruyeron. Ahora Jorge y Dolores están rematando 53 años de trabajo para poder pagar deudas, incluso vendieron el auto y un departamento: “En todas las crisis pudimos navegar sobre aguas turbulentas. En esta, hace seis meses que le busco la vuelta y no hay manera. Estas medidas gubernamentales han transformado el país en 50 millones de importadores, con productos terminados que vienen del exterior y en detrimento de la mano de obra local y de la industria nacional”, dice Jorge resignado.

Pero la historia de Jorge y Dolores no es un caso aislado. Desde el inicio de la presidencia de Milei, cerraron 30.633 empresas, un 6% del total. Según datos de Fundar, son casi 34 cierres por día. Buenos Aires concentra una parte central de ese derrumbe. La caída del consumo y el aluvión de importaciones impactaron de lleno en la actividad de las pymes. Detrás de esos números hay historias de vida, años y años de trabajo, familias que dependen de esos ingresos y proyectos construidos apostando a la industria nacional como motor de crecimiento.

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Laura Tur es presidenta de la Delegación Buenos Aires de la Asamblea de Pequeños y Medianos Empresarios de la provincia de Buenos Aires (APYME). Como empresaria textil, vive en primera persona la crisis industrial; pero además, como dirigenta, todos los días escucha testimonios de empresarios y colegas que hacen lo imposible para seguir adelante. Laura trabaja en la compañía que fundó su padre hace 30 años, en Munro, partido de Vicente López. La empresa familiar emplea a 10 trabajadores e intenta sostenerse en medio de este escenario complejo. Producen colorantes ecológicos y auxiliares para la industria textil: productos que, después de atravesar distintos eslabones de la cadena, pueden terminar en un toallón, una remera o un juego de sábanas.

“Bajaron mucho las ventas porque con la caída del consumo y los salarios estancados no hay mercado interno. Hay meses en los que no se llega a cubrir los gastos. Los empresarios pymes hacemos malabares para sostener los puestos de trabajo. Nosotros estamos acostumbrados a las crisis. Pasamos el 2001, la pandemia y otras situaciones extremas, pero como este presente, ninguno. Nos duele la animosidad de destruir la industria nacional, la saña con la que nos tratan. Que desde el Ejecutivo no les importe que la gente no pueda llegar a fin de mes es sádico.  Yo quiero que mis empleados no solo lleguen a fin de mes; además quiero que se vayan de vacaciones, que salgan a comer, que lleven a sus hijos al cine. Quiero que puedan hacer lo mismo que soñamos todos nosotros. Hoy transitamos una contracción sistémica. No es algo aislado, no es una dificultad aislada. Todos en el sector pyme estamos luchando para no cerrar. Las empresas somos personas, somos familias que apostamos a seguir creciendo en Argentina”, dice.

Aunque su nombre las defina como pequeñas y medianas, las pymes tienen un peso decisivo en la economía: generan empleo genuino, aportan valor agregado, sostienen comunidades y mantienen activa buena parte de la trama productiva del país. Para Jorge, a las pymes las liquidó la caída en el consumo y las fronteras abiertas con un dólar barato; factores que sumados a la profunda recesión, provocaron un cóctel explosivo. “Indudablemente, la intención de este gobierno es que desaparezca la industria nacional. Sentimos un tremendo dolor. Mi mujer está arriba llorando y yo hace un mes que no duermo. Pero bueno, hay que buscar otro camino”, explica el empresario pyme.

 

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El escenario que describen Laura y Jorge lo confirma la encuesta que hicieron desde APYME junto a la Universidad Nacional de José C. Paz (UNPAZ). Durante el primer semestre de 2026, entrevistaron a 152 empresarios de diversos rubros. Los resultados son alarmantes: el 62,5% dice haber empeorado su situación, al 57,9% le bajaron las ventas, el 60,5% tuvo un resultado económico negativo y a más de la mitad la perjudicó las importaciones. La capacidad instalada se ubica en el 50%, casi diez puntos por debajo del peor momento de la pandemia.

Ernesto Mattos es licenciado en Economía e investigador del área de Estudios para el Desarrollo Productivo y la Innovación de la UNPAZ. Junto a un equipo de profesionales y APYME, realizaron la encuesta a empresarios con el fin de relevar el impacto de la actual situación económica en el sector.

Para Mattos, el conurbano -uno de los principales motores productivos de la Argentina- atraviesa hoy una “fractura social”. Las políticas económicas implementadas durante la gestión de Javier Milei tuvieron un fuerte impacto sobre el empleo registrado y contribuyeron a profundizar la crisis de las pequeñas y medianas empresas. Según el economista, en Argentina sólo el 1% de las empresas se dedican a importar y el 99% depende del mercado interno para funcionar.

“Durante la gestión de Milei, el cierre de empresas se aceleró brutalmente. Para ponerlo en un contexto histórico, ocurrieron dos Rodrigazos a la vez: una devaluación fuertísima del peso, un ajuste brutal del salario y un tope en las paritarias, y luego un aumento del 400% de las tarifas y el combustible. Para sostener el empleo, muchos empresarios pymes tuvieron que bajar el nivel impositivo y, como último manotazo, les piden a los trabajadores que se conviertan en monotributistas. Durante la gestión de Milei se perdieron 300.000 mil puestos de trabajo registrados, eso en parte explica la fractura social. Si no te alcanza la plata o te echaron del trabajo, empezás a buscar otras formas de sobrevivir. Entonces ante esa situación dramática cualquier persona en el conurbano abre una ventanita y en su propia casa pone un kiosquito o arma una verdulería en el garaje”, cuenta Mattos, que además es docente de la UNLa y la UNAJ.

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Marcela Nápoli tiene 61 años y lleva más de 40 entre zapatos, cajas y mostradores. Heredó de su padre el amor por el calzado, él los fabricaba a mano. Cuando terminó el secundario, ella se puso al frente de la zapatería familiar y, con los años, decidió abrir su propio negocio: Giovanna Calzados, sobre la avenida Luro, en pleno corazón de Gregorio de Laferrere, en La Matanza.

Aprendió a comprar, a conseguir los mejores proveedores, a atender a sus clientes y a sostener el comercio incluso en los momentos difíciles. Pero este 2026 fue distinto. La caída a pique de las ventas, el aumento de los costos y las deudas terminaron haciendo inviable su emprendimiento: luego de 25 años, decidió cerrar.

Para intentar sostener el local, Marcela le pidió dinero prestado a su hermana. Pero la situación económica no mejoraba, entonces empezó afectar su salud mental: comenzó a sentirse deprimida, el estrés le afectó el sueño y tuvo que recurrir a su psiquiatra para poder atravesar el momento.

“Durante meses me endeudé para trabajar. Para seguir mejorando el local. A los comerciantes y a los emprendedores nos dejaron solos. Estoy triste. Incluso llamé a mi psiquiatra y le comenté lo que estaba pasando. Me dio media pastillita más para mantenerme en pie y no caer. Cuando me voy del negocio a mi casa, me dan ganas de llorar porque digo: trabajo para perder plata y crear deudas. El día que decidí cerrar hablé con mi hija Paula. Hicimos un video de despedida por Instagram. Estamos vendiendo toda la mercadería mucho más barata para pagar las deudas. No sé si las voy a sanear, pero por lo menos tendré mejor calidad de vida. La gente está muy empobrecida y esto es una cadena”, dice.

 

*Foto: Martina Rico para Cordón


*Candelaria Schamun nació en 1981 en La Plata. Es periodista de policiales y escritora. Trabajó como cronista en las redacciones de los diarios Crítica de la Argentina y Clarín, y fue productora del canal de noticias C5N. Actualmente colabora con medios nacionales e internacionales en temas relacionados en Derechos Humanos, diversidad y equidad.

En 2012 publicó su primer libro, Cordero de Dios (Editorial Marea), una crónica en tono walshiano, donde revela la trama oscura del femicidio de Candela Rodríguez que convulsionó a la Argentina. Valiéndose de las herramientas del periodismo policial, Schamun decidió desentrañar un mundo de secretos familiares y así echar luz sobre su propia historia e identidad. En 2023 publicó Ese que fui, expediente de una rebelión corporal (Editorial Sudamericana, Penguin Random House), un texto donde la autora asume el desafío de denunciar los mecanismos crueles de la medicina y las mutilaciones genitales de personas intersex, las cuales sufrió en su propio cuerpo. Durante 2024, el libro fue publicado en España y México por la editorial Manos de Pan.

Por su compromiso incansable con la igualdad y la diversidad, fue distinguida por Amnistía Internacional en el marco de “Voces que transforman. Orgullo Vivo 2024”.