Millones de pasajeros menos, crisis económica, falta de empleo, reducción de servicios y tarifas cada vez más caras: el transporte público del AMBA entró en una espiral de deterioro que amenaza con transformar una de las principales virtudes históricas de Buenos Aires en un sistema cada vez más caro, fragmentado e inaccesible.
Según un informe de la Asociación Argentina de Empresarios del Transporte Automotor (AAETA), los colectivos que recorren el AMBA registran una fuerte caída en la cantidad de usuarios. La provincia de Buenos Aires concentra la caída interanual más pronunciada entre las tres jurisdicciones analizadas. Mientras que CABA registró un descenso del 7,2% y el segmento nacional del 12,6%, los servicios bonaerenses sufrieron un desplome del 22,6%. Especialistas en planificación de transporte y usuarios coinciden en una misma postal: el deterioro del servicio, el aumento del boleto y los salarios estancados empiezan a pesar cada vez más en la vida cotidiana de millones de personas.
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Diego tiene 56 años, vive en Villa Celina y trabaja en el barrio porteño de Congreso. Todos los días viaja entre tres y cuatro horas en colectivo y gasta unos $60.000 mensuales en transporte público. Hasta hace unos meses tenía la suerte de tomar un solo micro que lo dejaba en la puerta de su trabajo. Pero su rutina cambió cuando la línea 56 recortó su recorrido. Ahora debe tomar dos colectivos para llegar hasta Capital Federal. “El recorrido no solo se hizo más largo: también se encareció al doble. Gasto unos $14.000 por semana, para los trabajadores el boleto se transformó en un impuesto. Los salarios están congelados y el pasaje sube dos veces por mes. Todos los domingos vamos a almorzar a la casa de mi suegra que queda a quince cuadras de casa. Antes íbamos en colectivo, pero ahora lo hacemos caminando, en mi familia somos cuatro y se va mucha plata en transporte. Hasta viajar en colectivo se convirtió en un lujo”, dice Diego.
Evolución del Boleto Minimo de Colectivo del AMBA. Junio 2016-Junio 2026 vs la Inflación del periodo (13.000%) desde 2025 la tarifa se abre por jurisdicción pic.twitter.com/JC3xjZBIee
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Sálvese quien pueda
Para Galileo Vidoni, licenciado en Ciencia Política (UBA), posgrado en Política y Planificación de Transporte (UNSAM), lo que está sucediendo es un círculo vicioso: el deterioro del servicio provoca una pérdida de pasajeros; la caída de usuarios empeora la ecuación económica; las empresas ajustan la oferta; y esos recortes vuelven a expulsar pasajeros. Como consecuencia, quienes pueden escapar del transporte público lo hacen: compran una moto, piden un auto por aplicación o vuelven al vehículo particular. “Los que no pueden hacerlo quedan atrapados en un servicio cada vez más deteriorado y caro. Es un sálvese quien pueda del transporte público. Es un fenómeno que se conoce como un espiral de muerte, o como básicamente un círculo vicioso. Lo que estamos viendo es un deterioro generalizado ante el abandono del Estado Nacional”, dice.
Los datos del Informe de Demanda Diaria del AMBA, relevados hasta el 9 de agosto de 2026, registran un retroceso del 19% durante los días hábiles: el promedio diario pasó de 8,93 millones de pasajeros en agosto de 2025 a 7,24 millones este año. El fin de semana tampoco queda afuera. Los sábados, cuando el transporte suele ser una pieza clave para quienes trabajan, estudian, hacen compras o visitan familiares, la caída fue todavía mayor: 20,1%. De 5,53 millones de pasajeros diarios se pasó a 4,42 millones. Los domingos la contracción fue del 11,4%: el promedio bajó de 2,87 millones a 2,54 millones. No es sólo que haya menos viajes de lunes a viernes. La caída atraviesa toda la semana.
Daniel es pintor de obra, vive con su esposa y tres hijas en José C. Paz. Todos los días toma entre dos o tres colectivos para llegar a su trabajo y algunas semanas debe sumar un tramo en tren. “Por día me pagan $65.000, pero entre pasajes y algún gasto extra me quedan $40.000. Las frecuencias de los colectivos bajaron y eso nos perjudica no solo en tiempo, sino también en dinero. Mi compañera trabaja como empleada doméstica y nos cuesta muchísimo llegar a fin de mes, el gasto de transporte público es altísimo. Los domingos dejamos de juntamos con mi familia a comer un asadito, lo básico. La plata no alcanza. En mi barrio son muchos los que perdieron el trabajo y, creo que eso influye en la baja de pasajeros”, cuenta.
Pasajeros de Colectivos AMBA: 2026-2025 pic.twitter.com/zQASakWQJx
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Para Rafael Skiadaressis, licenciado en Economía (UBA) y especialista en economía del transporte, la demanda viene retrocediendo desde 2019. Luego de la pandemia ocurrieron cambios en los hábitos de los usuarios, sumado a que muchas personas empezaron a trabajar home office: “El transporte que no funciona es una vida que no funciona, es una sociedad que no funciona. El servicio es cada vez más caro y tiene menos frecuencia. La situación económica agrega otra capa al problema. El transporte es una demanda derivada: las personas viajan porque trabajan, estudian, hacen trámites, compran o realizan actividades. Cuando esas actividades disminuyen, también lo hacen los viajes. En la provincia de Buenos Aires se combinan, además, tarifas que crecieron con fuerza y un mayor impacto del estancamiento de la actividad económica. Uno podría esperar que, en una economía más estancada, la demanda por motivos no laborales también esté más estancada. En la provincia de Buenos Aires se ve un parque automotor cada vez más envejecido y un deterioro de los coches que ya empieza a anticipar la crisis de algunas empresas. Hay gente que se quedó sin soluciones o que entrega más que plata mucho tiempo de su vida. Tres o más horas de su vida en el transporte, en la espera en el viaje”, dice Rafael, investigador asociado del Instituto Interdisciplinario de Economía Política (IIEP-UBA).
Tarifas inaccesibles, servicios deficientes
Vidoni aporta otro dato para entender la profundidad del problema: “Sin el control de la Comisión Nacional de Regulación del Transporte (CNRT), las empresas suspenden, restringen y cambian recorridos para hacerlos rentables en detrimento de los pasajeros. La caída durante los fines de semana expone una dimensión distinta de la crisis. Mientras los viajes laborales tienen un componente relativamente obligatorio, los desplazamientos vinculados al ocio son más fáciles de resignar cuando el dinero no alcanza. El costo del pasaje en provincia de Buenos Aires representa un porcentaje cercano al 20% del salario mínimo. Está lejos de lo permisible para muchos trabajadores”, dice.
Según Fernando Bercovich, sociólogo especializado en estudios urbanos y coordinador del Área Urbana del Centro de Estudios Metropolitanos, el AMBA tenía una de las redes de colectivos más extensas y capilares de la región. Durante décadas, esa red permitió conectar barrios, municipios y centralidades con una particularidad difícil de encontrar en otras grandes ciudades: la posibilidad de tener una línea relativamente cerca de la casa y utilizarla para llegar a distintos puntos del territorio.
“Pero esa red que durante años funcionó como una gran trama metropolitana comenzó a fragmentarse a partir de los cambios en el esquema de subsidios y financiamiento de la gestión de Milei. Eso hace que haya una especie de balcanización del sistema de colectivos. La fragmentación no es solamente administrativa. También empieza a sentirse en el bolsillo. Hoy conviven líneas de jurisdicción nacional, porteña, provincial y municipal, con tarifas diferentes. A eso se suma la pérdida de beneficios de la Red SUBE para determinadas combinaciones. Un buen sistema de transporte permite que una persona pueda vivir más lejos de las zonas centrales sin quedar aislada de las oportunidades laborales, educativas o comerciales. Pero cuando trenes y colectivos pierden frecuencia, puntualidad y confiabilidad, esa posibilidad comienza a achicarse”, resume.

Candelaria Schamun nació en 1981 en La Plata. Es periodista de policiales y escritora. Trabajó como cronista en las redacciones de los diarios Crítica de la Argentina y Clarín, y fue productora del canal de noticias C5N. Actualmente colabora con medios nacionales e internacionales en temas relacionados en Derechos Humanos, diversidad y equidad.
En 2012 publicó su primer libro, Cordero de Dios (Editorial Marea), una crónica en tono walshiano, donde revela la trama oscura del femicidio de Candela Rodriguez que convulsionó a la Argentina. Valiéndose de las herramientas del periodismo policial, Schamun decidió desentrañar un mundo de secretos familiares y así echar luz sobre su propia historia e identidad. En 2023 publicó Ese que fui, expediente de una rebelión corporal (Editorial Sudamericana, Penguin Random House), un texto donde la autora asume el desafío de denunciar los mecanismos crueles de la medicina y las mutilaciones genitales de personas intersex, las cuales sufrió en su propio cuerpo. Durante 2024, el libro fue publicado en España y México por la editorial Manos de Pan.
Por su compromiso incansable con la igualdad y la diversidad, fue distinguida por Amnistía Internacional en el marco “Voces que transforman. Orgullo Vivo 2024”.



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