LLA y su estrategia comunicacional

Por Julieta Waisgold*

 

El gobierno de Javier Milei habita la escena pública de un modo particular: todo lo que hace genera polémica. Su forma de intervención organiza posiciones y reconfigura el clima emocional del debate. La reciente creación de la Oficina de Respuesta Oficial (ORO), que según el presidente fue impulsada para, entre otras cosas, “dejar en evidencia las operaciones de los medios y la casta política”, debe leerse en esa dinámica más amplia.

Las reacciones a la Oficina no tardaron en llegar. Se la llamó Tribunal de la Verdad, se recordó a Tato el censor de la dictadura, se denunció como grave que el Estado persiga el trabajo periodístico y hasta Chequeado salió a contestar uno de sus reportes.

Más allá del debate sobre las prácticas del gobierno y su avanzada sobre la libertad de expresión, la Oficina es una nueva boca de expendio discursivo y al mismo tiempo una noticia más dentro del sistema mediático. No solo defiende la posición oficial, sino que reactiva el conflicto y refuerza el mensaje propio anticasta.

Desde el inicio, el discurso de Milei se instaló como un canal de expresión para broncas, frustraciones y desconfianzas acumuladas. En un contexto de incertidumbre económica, debilitamiento de las referencias políticas tradicionales y ante la falta de una comunidad que integre, ofreció un lenguaje común expresivo.

La intensidad reemplaza al horizonte. Y ordenada así, la política aparece cada vez menos como un proyecto de articulación de actores y construcción de sentido y cada vez más como una escena en donde lo decisivo es tomar la iniciativa y reaccionar.

El sistema mediático actual potencia esa dinámica. Con redacciones precarizadas y periodistas que funcionan como productores autónomos de contenido digital, la competencia por visibilidad empuja a generar estímulos cada vez más intensos y fragmentados. La lógica de la intensidad que propone el gobierno se amplifica.

En este marco, la estrategia de la oposición de defenderse o intentar “desarmar la confusión” parece insuficiente, porque ni la confusión ni el conflicto son un problema comunicacional del gobierno, sino que son parte de su potencia política. No desaparecerán simplemente por ser denunciados. Desmentir datos no desarma afectos. Para que eso pase hace falta otro discurso capaz de organizar la experiencia social de un modo más convincente. Hace falta un modo de afecto diferente.

La Oficina de Respuesta no es un exceso aislado ni una anomalía institucional: es una expresión coherente de esta forma de intervención en el debate público que más que buscar la clausura de la discusión, busca sostenerla en un nivel de intensidad que refuerce identidades y mantenga activo el conflicto.

La pregunta es cuánto tiempo puede sostenerse una política basada en la activación constante de emociones intensas sin ofrecer una promesa compartida de futuro. O si, en ausencia de horizonte, la intensidad misma termina funcionando como forma de gobierno.


*Es periodista de TEA, abogada de la UBA y diplomada y maestranda en Comunicación Política de la Universidad Austral.
Siempre le gustó la política y hace más de 15 años empezó a trabajar en comunicación buscando conocer y entender el detrás de escena. Sus primeros pasos fueron en el Congreso de la Nación y más tarde se desempeñó como asesora y coordinó equipos en distintas áreas del Estado Nacional. Trabajó en el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, en ACUMAR y en el Ministerio de Salud de la Nación.
En 2019, coordinó el equipo de discurso de la campaña presidencial de Alberto Fernández.
De manera autodidacta, en los últimos años se formó en lecturas sobre populismo y nuevas derechas. Y fueron esas lecturas las que la llevaron a hacer un curso de posgrado sobre teorías sociales y políticas posestructuralistas en Flacso. Está en desarrollo de su tesis de maestría.
Además, fue ponente en distintos congresos de Comunicación Política, como el de la Asociación Latinoamericana de Investigación en Campañas Electorales (ALICE) y la Cumbre Mundial de Comunicación Política. Escribe con cierta periodicidad en distintos medios nacionales, como Perfil y Página 12.
Los que no la conocen suelen preguntarle si es politóloga. Ella contesta que es poeta y justiciera.