Parecía tan cercano, tan real.
Ese gol de corazón para gritarle al olvido.
Los números, las coincidencias, el cierre perfecto: tenía que ser.
Como si la vida estuviera guionada. 

Pero no fue.

Lo que sí fue, fue verle el sol a un invierno nublado pero pocas veces frío. Fue la banda sonora de las calles, de los trenes, de los colectivos, copados por vuvuzelas y bocinazos antes y después de cada partido. Fue el paisaje teñido para que el Día de la Bandera durase todo un mes y de todas las formas posibles: en remeras, en pelucas, en balcones, en toallas con la cara de los ídolos modernos. 

Fue una mamá enviando una foto cábala al grupo de WhatsApp de su familia para sentirla más cerca.
Fue el alivio y enojo simultáneo al escuchar que alguien gritaba los goles antes.
Fue la misma picada del mismo almacén, con los mismos fiambres en la misma mesa ratona frente al mismo televisor.
Fue la videollamada con ese hermano que vive en otro país, festejando con la argentinidad más arraigada que nunca.
Fue volver a sentir algo que creíamos olvidado.

Y, ante todo, fue ver flamear nuestra bandera en medio del temporal. Como si la fuerza de todo un país dependiera del odio que reciba, de verse convertido -en menos de 4 años- en el villano arrogante de todas las historias, ya no merecedor de ninguna alegría, de ningún triunfo.

Y si robarle un gol al ladrón nos hizo felices, que así sea.

Hoy quedan los restos. Los papelitos, el arraigo, las pelucas y remeras, el orgullo, los trofeos de plástico que van a quedar guardados en la cómoda del comedor por los siguientes 4 años; hasta que, de nuevo, nos encuentre deseosos de volver a ilusionarnos y ver el sol de invierno, sólo por una vez, siempre una vez más. 

Y si no hay copa
Que haya cope para la gente
Que salta sobre el dolor y nace nuevamente


Magalí Onetto es comunicadora social, fotógrafa, creadora de contenidos y algún popurrí de cosas más que seguramente tengan que ver con el arte y el mundo audiovisual.
Trabajó creando contenido para agencias, marcas personales y organizaciones del tercer sector, y actualmente trabaja en la Secretaría de Coordinación Institucional de la UNLZ.