Pluriempleo, precarización laboral, Inteligencia Artificial: no son buenos tiempos para hacer periodismo. El autor de «Raúl González Tuñón periodista», de Editorial Eduvim, repasa la trayectoria del “proletario de la inteligencia”, en un homenaje necesario para enlazar el pasado y el presente en este complicado Día del y la Periodista.
Por Germán Ferrari*
No son buenos tiempos para hacer periodismo: 7 de cada 10 trabajadores de prensa viven con sueldos de pobreza y 9 de cada 10 consideran que la libertad de expresión empeoró desde 2023, con la llegada de la ultraderecha al Gobierno. El relevamiento fue realizado en el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), pero no extrañaría a nadie que las números sean similares en el resto del país.
El pluriempleo y la precarización laboral son dos factores que agravaron las condiciones. El 55,2% de los encuestados tiene dos o más trabajos para sobrevivir. Algunos se las rebuscan en otros rubros, changas o empleos informales. El caso de los “colaboradores” o “freelance” es alarmante: remuneraciones bajas, pagadas con demoras y con criterios de valuación dispares según el medio. Una situación extrema es la colaboración gratuita.
“Esa realidad provoca precarización, jornadas fraccionadas sin descanso, cerebros agotados por la multiplicidad de formatos y una carrera interminable para lograr un ingreso que permita vivir dignamente”, señala el reciente informe del Sindicato de Prensa de Buenos Aires (Sipreba), autor de la encuesta, que consultó a 1100 trabajadores –el 20% de la actividad– sobre las condiciones laborales en los últimos 12 meses.
Las transformaciones tecnológicas se suman a la preocupación por el futuro de la profesión: en el 66% de las empresas de medios de comunicación ya se usa Inteligencia Artificial para tareas periodísticas.
Tampoco eran tiempos apacibles para el periodismo aquellos en los que Raúl González Tuñón transitaba por las redacciones, entre los años 20 y 70 del siglo pasado. El poeta trabajó en el diario más importante de la Argentina de su época, Crítica, y en el ascendente Clarín, pero siempre tuvo que alquilar. Tener un auto era un lujo impensado.
No llegaba al extremo de su amigo César Tiempo, porque la poesía lo sacaba del yugo diario. Cuentan que Tiempo tenía en su casa diseminadas varias máquinas de escribir con su papel correspondiente en el carro y notas a medio terminar. Cuando le surgía una idea, iba a la máquina correspondiente para “hacer la costura”. Estaba obligado a enviar artículos a un sinnúmero de medios para llegar a fin de mes.
Por si quedan dudas: González Tuñón no se ganaba la vida como poeta. El violín del diablo, Miércoles de Ceniza, La calle del Agujero en la Media, sus primeros libros, lo ubicaron en lo alto del universo de los escritores nacionales, pero no le solucionaron las urgencias económicas de la vida cotidiana. Sí el periodismo, que además le aportaba temas, imágenes y palabras para la creación poética. “El periodismo me cambió la vida, me definió”, dijo en alguna ocasión.
Tampoco le fue fácil enfrentar la convulsionada Argentina del siglo XX desde sus convicciones comunistas y su ética humanista. Estuvo preso por publicar un poema –“Las brigadas de choque”– en una revista que él dirigía –Contra–; padeció el exilio en Chile durante la década infame y tras el golpe de 1943; escribió con placer crítica de teatro independiente y de artes plásticas, aunque sabía que esos espacios eran un destino menos conflictivo que si redactara en secciones más calientes, como Política o Internacionales; y prefirió jubilarse a sentirse menospreciado, después de un incidente en el que estuvo involucrado Ernesto Sabato.
Su época lo obligó a ejercer un periodismo combativo. Fue corresponsal en la Guerra Civil española y sus crónicas (y poemas) reflejaron su pasión por el sector republicano. Luego, desde Chile, desplegó su aversión contra el nazismo y el fascismo en numerosos artículos. Y hasta escribió columnas humorísticas para desnudar las miserias y atrocidades totalitarias.
Repasar la trayectoria de medio siglo de este “proletario de la inteligencia”, como alguna vez se denominó, entre máquinas de escribir y lunas con gatillo, es un homenaje necesario para enlazar el ayer con el hoy en este complicado Día del y la Periodista.
Germán Ferrari es docente de Periodismo Gráfico y Taller de Periodismo Gráfico en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). Su último libro es Raúl González Tuñón periodista, editado por Eduvim. Anteriormente publicó Símbolos y fantasmas. Las víctimas de la guerrilla: de la amnistía a la «justicia para todos» (2009); Osvaldo Bayer. El rebelde esperanzado (2018) y Pablo Rojas Paz va a la cancha. Las crónicas futbolísticas de «El Negro de la Tribuna» (2020).
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