El estreno de la película Argentina, 1985 invita a reflexionar sobre la construcción de nuestra democracia. A casi cuatro décadas del Juicio a las Juntas militares, es ineludible seguir ejercitando la memoria sobre el terrorismo de Estado y sus consecuencias.

Por Germán Ferrari

 

Una película, una serie, un libro, cualquier expresión artística que rescata hechos históricos estimulan la memoria: lo que recordamos, lo que olvidamos, lo que creemos recordar, lo que nos parece, lo que vivimos y sentimos, lo que nos contaron…

¿Alguien irá a ver Argentina, 1985 sin una idea, más o menos formada, de lo que pasaba en el país en aquel tiempo? Quienes atravesamos esa primavera democrática podemos expresar varias convicciones, broncas, desencantos, añoranzas; quienes no habían nacido en ese año o eran pequeños tendrán alguna referencia, una versión familiar o escolar. Tal vez alguien solo pueda asociar que al año siguiente la selección argentina de fútbol ganó el Mundial de México con Maradona como estandarte.

(Nota al pie: elijo el concepto “primavera democrática” –un período comprendido entre la asunción de Alfonsín y, digamos, el combo Plan Austral-Punto Final– frente a “primavera alfonsinista”, que alude al “Padre de la Democracia”, un lugar común patriarcal y con mayúsculas, preferido por quienes les gusta simplificar la historia con protagonistas convertidos en héroes de bronce).

El film, que fue preseleccionada para representar al país en los Oscars, debutó de visitante en Italia y España, con distinciones en los festivales de Venecia y San Sebastián. En este último, recibió el premio del público. Quizás los españoles hayan visto en ese recorte de la historia nacional algo desconocido en su tierra. Los crímenes del franquismo quedaron impunes tras el acuerdo político conocido como Pacto de la Moncloa, sellado poco tiempo después del retorno a la democracia. Esa estrategia –cada tanto cacareada por ciertos políticos, intelectuales y periodistas locales– pretendió hacer olvidar 40 años de dictadura. Pero unos cuantos hijos y cientos de nietos y bisnietos de quienes fueron asesinados antes, durante y después de la Guerra Civil decidieron quebrar esa impunidad. El documental El silencio de otros muestra con crudeza este panorama.

Y como la historia no suele ser un rompecabezas en el que las piezas encajan a la perfección, desde la butaca del cine o el sillón del comedor se van a multiplicar las preguntas:

¿Por qué el juicio a las Juntas no se transmitió en vivo por la televisión?

¿Por qué sólo se veían tres minutos de cada jornada, en un compilado sin audio?

¿Por qué solo pudo verse y escucharse en vivo la lectura de la sentencia?

¿Por qué solo se juzgó a los integrantes de más alto rango de las tres primeras juntas? ¿Y el resto de los responsables? ¿Y los civiles?

¿Por qué los condenados (que no fueron todos los juzgados) quedaron libres durante el gobierno de Menem sin haber cumplido la pena?

¿Por qué se asocia el Juicio a las Juntas con los juicios que los vencedores de la Segunda Guerra Mundial llevaron a cabo en la ciudad alemana de Núremberg contra algunos jerarcas nazis?

Argentina, 1985 nos obligará a revisitar el pasado, indagar sobre aquel país con solo un puñado de meses democráticos vividos, acosado por militares y civiles que añoraban los tiempos de la última dictadura; empobrecido por una crisis económica heredada, de dificilísima resolución y con el FMI al acecho; traumado por la derrota cercana en la guerra por la recuperación de las Malvinas; herido porque sus cárceles aún escondían a presos políticos, mientras las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo seguían preguntándose dónde estaban sus hijos y nietos desaparecidos.


Germán Ferrari es profesor de Periodismo Gráfico y Taller de Periodismo Gráfico en la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Lomas de Zamora (UNLZ). Edita el Suplemento Universidad del diario Página/12. Sus últimos libros son Osvaldo Bayer. El rebelde esperanzado (2018),  Pablo Rojas Paz va a la cancha. Las crónicas futbolísticas de «El Negro de la Tribuna» (2020) y Raúl González Tuñón periodista (en prensa).